Hay algo con los clichés que irremediablemente me gusta. Las flores, los chocolates, las orgías de felpa y ojos de plástico generan una sensación infantil que cada 14 de febrero se acentúa. Mis amigos, por lo general, no lo entienden. ¿Cómo una mujer educada, que se codea con la cultureta y que se las da de mujer liberada y feminista encontraría algún placer en esas ñoñas comercializantes? Lo mismo me pregunto, pero así es. El otro día me dijeron que nadie es hipócrita con sus placeres.
Creo en el detalle, en el bolero, en la loseta única y suficiente para bailar, creo en la poesía cuando un verso consuela -porque por alguna razón la poesía siempre me consuela-, creo en perder un tantito la cabeza y creo que no hay mejor regalo que las flores. Hoy he armado una trifulca porque no hubo detalle, y me siento entre avergonzada y dignificada. ¿Está mal esperar lo que se quiere? ¿Está mal esperarlo a sabiendas de que no va a llegar? ¿Es más sabrosa la cotidianidad que el romance? No sé, pero hoy me pondré perfume y saldré a buscar respuestas.
No está mal esperar lo que se quiere. De hecho, hay que buscar lo que se quiere hasta debajo de los adoquines. De eso se trata. Sino, ¿para qué?
ResponderEliminarSer femeninista y liberal no tendría porqué estar peleada con la belleza y el amor e incluso lo femenino. Y aun las mujeres liberales podemos encontrarnos a otro loco amante del amor y los detalles. En fin. QUé lindo blog.
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